domingo, 10 de noviembre de 2013

PALOMA



¿Se puede ver a alguien por una sola vez y obsesionarse por completo?
Fue lo primero que pensé cuando la vi en aquella librería. En una tarde en que solo el hastío me acompañaba, nació “Ella” de la nada.
Paseaba por el stand de las novelas románticas, cuando se me acercó una joven:
-¿Te puedo ayudar en algo?-
-¡No!, muchas gracias, Respondí muy tímido.
Ella se volteó hacia la sección de biografías,- Y en seguida rectifico-.
-¡Sí! En realidad me puedes ayudar, busco algún compilado de artistas literarios-
La joven me miró sin entender, quizás no fui  suficientemente claro al expresarme; lo cierto, es que su mirada paralizó todos mis sistemas y me quede tieso como una vil estatua.
Una asistente que escuchaba todo en la librería le llama y dice:
-“Paloma”-
-¡Toma este libro! Es lo que anda buscando.  
Y así bramo su nombre como el vuelo de las aves “Paloma” sonó como un suspiro mágico en mi oído, y un escalofrío furioso se disipó en todo mi cuerpo.
Me quede un buen rato en la librería -pensando-  observando cómo se deslizaba de un extremo a otro; ella tomaba algunos libros que la gente solicitaba, hablaba, pero no podía escucharla, solo veía el movimiento de sus labios, su abrir y cerrar de boca sublime, su pelo rojizo, sus manos blancas; la miro en silencio, trato de que no se dé cuenta, y se me vienen todas aquellas preguntas tontas que suele suceder en ansiosas situaciones:
- ¿Cómo acercarme a ella? ¿Qué le puedo decir? ¿A qué hora saldrá?-

En ese infame segundo, el más corto y fugaz de toda mi existencia, ella me estaba sonriendo; reía como un ángel, y yo haciéndome el estúpido, escondido detrás de un libro de Poesía.

jueves, 23 de agosto de 2012

LA TINA


Fue un día bastante agitado para Bahira. Estaba cansada y lo único que quería era llegar pronto a  su casa y tomar un baño de tina caliente.

 La oficina cerraba a las 07:00 en punto y solo le quedaba firmar los últimos documentos  para salir a la hora.
Cuando ya hubo terminado su trabajo, pensó en pasar al supermercado y comprar comida árabe, se dijo así misma: -sería una buena idea para la cena- 
Era un día martes, y el aburrimiento se apodera de la ciudad, nadie quiere vivir así, tan acelerado; ver como camina la gente sonámbulamente por las calles sucias, o por el metro, o bien cualquier lugar donde haya un tumulto con  caras opacas, se vuelve insoportable a simple vista.

Al  llegar a su departamento, se saco inmediatamente los zapatos taco alto, camino por el corredor hasta llegar al baño, abrió la llave de la tina de agua caliente  y comenzó a llenarla, saco unos frascos con sales de baño de sabor a chocolate que le regalo su novio, prendió un incienso de menta, limpio el vapor del espejo para ver su rostro, mientras saboreaba el lápiz labial de sus labios. Estaba todo listo.

Empezó a desvestirse lentamente,  por su piel resbalaban sus prendas, las fue lanzando suavemente por todo el departamento.  Luego dejo la comida en el horno para que no se enfriara.
Cuando ya estuvo llena la tina, se mojo los labios, y entro en ella con una pulcritud que solo  una mujer comprendía, se enjuago la cara e  inhaló agradablemente el aroma de menta, cerro sus ojos,  sintió el agua por todo su cuerpo, se imaginó el mar, una playa de blancas arenas, con una soledad que solo a ella entendía, se concentró en el agua, y la vislumbro desde la punta de sus pies hasta su cara.
 ¡Por fin estoy relajada! - pensó-
Después de haber tenido un día tan agitado, este era su gran premio. Todo iba muy bien en su plan nocturno, cuando en un instante se produjo un silencio que la descontrolaba, era un silencio ruidoso e inquietante, abrió sus ojos un poco preocupada, se quedo callada para ver si oía algo en el departamento, pero no se escucho nada, quiso salir de la tina y ponerse la bata he ir a revisar, pero el estado de éxtasis que le provocaba el agua la tenía muy relajada, así que se quedo dentro de ella sin dudar un segundo más.
Volvió a cerrar los ojos, y en un santiamén se produjo la misma sensación de silencio que la había incomodado, estiró su elegante cuello y miró para todos los lados, pero no veía nada, solo sentía esa sensación de silencio extraño que tanto la inquietaba.

Al sacar las manos del agua comienza a observarlas, y en una de sus uñas nota algo inusual, tiene un pedazo de piel incrustado, vuelve a mirar para ver si era real lo que veía, era un resto de piel ¿de quién?­- Se dijo-.  ¿No será de mi propia piel?
Comenzó a revisarse todo el cuerpo y vio que se había pasado a llevar la pierna con la uña, era su propia piel, entonces se asusta, pero no siente dolor  en ninguna parte -¡qué diablos!- Cuando de pronto se dio cuenta que por la herida comenzó a salir un chorro de sangre, no era nada significante, decide limpiarla con jabón y se restregó con una esponja.
 Al terminar decidió cerrar nuevamente los ojos para relajarse por un rato, cuando los volvió abrir noto que el agua de la tina estaba totalmente roja, exclamó: -¡Qué está pasándome!-  Y volvió a revisar su herida, ahora estaba más grande y salía mucha sangre de su pierna; el vapor del agua estaba en todos lados y se sintió bastante mareada, intento mover sus piernas, pero no lo consiguió, pensó en pedir ayuda, pero sabía que nadie la escucharía pues estaba demasiado lejos de la puerta, además, el teléfono estaba en el living y ni siquiera tenía fuerzas para levantarse.
Con la desesperación que sentía Bahira, solo buscaba la forma de tener calma y esperar que la sangre parara de salir de su pierna, la apretó fuertemente para hacer presión en ella con sus manos, pero el agua hacia que fluyera la sangra por sus dedos y cada vez con más intensidad.
Después de varios minutos no aguanto más y se puso a llorar desconsoladamente, lloró con desesperación, y se dijo internamente: -¡Como pudo  terminar así mi día!- Si estaba todo tan bien. Enseguida comienza a observar sus piernas, estaban más delgadas, sus músculos contraídos y su piel más débil, no puede creer lo que está viendo, en un instante de paroxismo le dio un arrebato de locura que la dejo en un shock permanente, que la llevó a lastimarse  la otra pierna, se infirió varias heridas más con las uñas que comienzan a sangran simultáneamente y con más fluidez.
¡Grita!, ¡Grita! desesperada, siente que no puede moverse, la tina sangrienta rebalsaba hasta el borde, el baño se estaba inundando, el agua rojiza salía por la puerta, ya estaba muy agotada de gritar sin ser escuchada.
Sus piernas comenzaron a temblar y a convulsionar en el agua ensangrentada, los espasmos reiterados hacia que el dolor estuviera adormecido, sus ojos rojos y cristalizados, como lagrimas mortales,  su mirada perdida en el cielo, en las uñas descansa su piel atrapada. En un intervalo de lucidez lograr cerrar la llave de la tina y el agua comienza irse poco a poco, pero los resto de carne y piel trancaban el paso del agua por el conducto, lo que provoca que comience a succionar con más presión, y con su piel debilitada la succión era un arma mortal, sus piernas comenzaron a desintegrarse con el poder de la succión, mientras las convulsiones se incrementaban sin piedad, los restos de carne y piel comenzaron a flotar en la tina, una gota de sangre se encerró en una burbuja, su cabeza estaba inclinada y yacía inerte, el agua rosaba sus labios, se había desmayado y sus piernas se desangraban, mientras que en sus sueños viajaba por el tubo del desagüe en dirección hacia al mar.



miércoles, 27 de junio de 2012

EL CUMPLEAÑOS






En la mesa estaba aquel pastel que esperaba por los niños, mientras una mosca rodeaba su crema, cada plato estaba asignado para los angelitos, nada podía faltar, también había leche con chocolate y pan de miel. Harvey estaba ansioso, quería que llegaran los otros niños para jugar, los había  citados para las seis de la tarde, y nada podía fallar.
Harvey siendo un niño tan pequeño apenas podía sentarse en su silla, estaba emocionado y solo quería que sus amigos llegaran, le gustaba jugar con los soldaditos de plomo y los autos de carrera, llevaba varias horas de anhelosa agonía, pues desde que se había levantado muy temprano en la mañana que sentía  las ganas de jugar.
Poco a poco los niños comenzaron a llegar, y a Harvey se le ponían los ojitos cada vez más brillantes, la luminosidad de su carita tan clara y diáfana lo hacía soñar e imaginar cómo sería su cumpleaños. Los niños se fueron sentando uno a uno según sus puestos asignados, y juntos a ellos también comenzaron a llegar sus padres.
Una vez llegados todos los padres y al verse sentado en la cabecera de su mesa, la madre de Harvey prendió las velitas de la torta, cumpliría solo cinco años, pero él sentía que llevaba grandes aventuras a su cuesta, pensaba que jamás los adultos lograrían entender lo feliz que era en la mayoría de sus aventuras, y menos lograrían entender la felicidad que le causaba tener tanta gente con quien jugar en su cumpleaños.
Todo no podía estar mejor, había llegado el momento de apagar las velas, en ese instante John, el padre de Harvey se acerca a su pequeño hijo y lo levanta  cuidadosamente para que  apague las velas del pastel  y en seguida le dice:
-Debes pedir tres deseos hijo mío.  -A lo que Harvey responde-
-claro que si papito-
Todos los invitados observaron como el pequeño Heavy pedía sus deseos con su carita de luna a la luz de la vela.
Al apagarse las velas se escucharon gritos y aplausos de alegría, después alguien  dice:
-prendan la luz- 
En ese entonces vino un silencio preocupante; todos los niños se encontraban en la mesa menos Harvey, los demás niños comenzaron a reír por la broma de su juguetón amigo; entonces comenzaron a buscarlo por toda la casa y sus  habitaciones, pero no lo encontraron en ningún lado, pasaron varios minutos, cuando alguien del patio de la casa grita,
-  ¡Cielo santo que es lo que está pasando!
Al llegar todos la patio pudieron percatarse que John, se balanceaba sobre su hijo con una violencia impresionante, nadie entendía realmente lo que estaba pasando, pero al tener mas nitidez de lo que presenciaban vieron que del cuello de Harvey colgaba algo extraño y su padre intentaba sacárselo, era un murciélago y tenia incrustado sus dientes en el cuello del niño, succionándole lentamente la sangre.
 La situación comenzó a desesperar a todos en la casa, mientras pasaba los segundos el niño se desvanecía tendido en el pasto del jardín, John lloraba de la desesperación junto a su hijo al ver que no podía arrancar al animal de su cuello, en un instante de paroxismo corre hacia la cocina en busca  un cuchillo, se acerca al niño y comienza a darles estocadas al animal, después de varios punzasos ya no podía diferenciar cual era la sangre de su hijo y de la malavenida criatura, es ahí donde se da cuenta de lo terrible del panorama, al verse con el cuchillo en la mano y lleno de sangre en el rostro de su hijo, ante la mirada atónita y desesperada de todos los niño, pensó en lo peor; en ese mismo momento comenzó rápida mente a revisar a su hijo por todos lados, el niño estaba muy debilitado pero aun sus ojitos brillaban como al comienzo de su cumpleaños.
Tenía dos orificios muy profundos en su cuello, pero no pudo encontrar alguna otra herida cortante, John pudo suspirar tranquilo, después de una ahogada bocanada de terror y espanto. Su hijo aun respiraba, pero su pulso estaba bajando, le limpio las heridas con  algodón  y agua oxigenada; le dijo a su esposa que llamara a una ambulancia mientras el cuidaba del pequeño niño.
Los demás amigos de Harvey estaban paralizados del terror y ninguno se atrevía a asomarse al jardín, y algunos de ellos decidieron marcharse a sus casas junto con sus padres.
La situación parecía controlada, el niño ya se sentía un poco mejor, John lo acompañaba todo el tiempo a su lado, y le curaba sus heridas una y otra vez, mientras su madre miraba con los ojos vidriosos a su familia.
Llego la ambulancia, y los paramédicos dijeron que las heridas ya estaban curadas gracias a la pronta intervención de su padre, y que el niño debía tomar reposo por unos días,  le recetaron medicinas para controlar la fiebre.
Ya era de noche y todos se habían ido a sus  hogares, nadie en los siguientes días se atrevieron a llamar a la familia, aun se sentían impactados por lo sucedido, sobre todo por la desesperación de John por su hijo.
Al  pasar las horas, el niño yacía en su cama, Cuando despertó vio que su padre estaba acostado a su lado, sentía dolor en su cuello y con su manito se tocaba las vendas.
-¡Papá!  ¡Papá!, despierta-
- ¿Qué me paso Papá?-nada hijito, solo fue un accidente-
-¡Me duele Papi, el cuello me arde!
- ¿Cómo te arde? –siento mi cuello inflamado-
Al escuchar que el niño decía eso, John se preocupo demasiado y comenzó a retirar las vendas del cuello y vio algo horrible, sus heridas estaban infectadas y la inflamación se propagaba por todo el cuerpo y cara del niño, salía por las heridas del cuello una especie de pus verdoso y amarillento, la fiebre dominaba su rostro.
-¿Qué me pasa Papi?-preguntaba el niño con penosa aflicción.
-nada hijo mío solo trata de descansar-
Poco a poco John fue notando que el aspecto físico de su hijo comenzaba a cambiar, su cabeza estaba más prensada y su boca más filuda, sus ojos  parecían dos aceitunas gelatinosas, y una mácula negra comenzaba a aparecer en su rostro, al revisar su barriga notó que la textura de su piel estaba áspera, y que las venas de su cuerpo comenzaban a transparentarse por encima de la piel.
No podía creer lo que le estaba sucediendo , ni menos podía imaginar cómo se lo diría a su esposa, reflexiono unos minutos y decidió no contárselo hasta que tuviera certeza de lo que estaba ocurriendo, pensó que de cualquier manera ella no tendría la fuerza y el coraje de ver como su hijo se transformaba en un mounstro, así que se paró de la cama, fue al sótano de la casa y llevo algunas cosas, comidas, frazadas, leche, saco un colchón antiguo de su pieza y lo bajo al sótano. Aprovecho que el niño estaba dormido y lo cogió lentamente hasta dejarlo en aquel lugar, lo acurruco con unas frazadas y enseguida lo dejo encerrado bajo llave. Después volvió a la cama con su esposa y se acostó sigilosamente.
Cuando despertó se dio cuenta que su esposa no estaba en la cama, y se levantó asustado, comenzó a revisar la casa por todos lados y se dirigió inmediatamente al sótano. Cuando entro se dio cuenta que su esposa sostenía a Harvey en sus brazos, y seguido de un llanto desgarrador exclamo.
-¡Que le sucede a mi hijo, Dios mío!- ¡Que le pasa!
John estaba sin habla, no sabía cómo consolar a su esposa, se dio cuenta que el niño estaba muy mal, su rostro estaba completamente deformado, en su boca se asomaban unos colmillos amarillos, y de su espalda salía una protuberancia, que habría las carnes de su omoplato, su cuerpo entero estaba cubierto de escamas con pelillos diminutos.  No daba señal de estar vivo y el llanto de su madre era cada vez más aterrador.
De pronto sintieron que una de las ventanas del sótano se quebró, y desde afuera un rayo de sol entraba con fuerza, les pegaba directo cegándoles  los ojos, entre la luz y sombra pudieron ver que por la ventana se asomaba algo que parecía ser unas alas de algún tipo de ave de gran tamaño, y después una cabeza oscura y peluda con orejas puntiagudas, era un murciélago gigante, entrando por la ventana del sótano, John y su esposa no tenían ninguna expresión en su rostro, estaban totalmente paralizados. La criatura los miraba con unos ojos endemoniados, de su boca caía un fluido extraño y pegajoso, John tomo a su hijo y le dijo a su esposa que se quedara detrás de él, la criatura lo miro fríamente y John comprendió que quería llevarse a su hijo, al pequeño Harvey, en un instante pensó en lo feliz que estaban  todos en su cumpleaños, en los regalos, en su niño jugando en el jardín y que la vida ahora le arrebataba su hijo de una extraña forma, y le grito a la criatura.
-¡Yo no quise matar a tu hijo, pero estaba matando al mío!
John dejo al niño a los pies de la criatura, mientras que con sus garras fibrosas  lo arrastraba de los pies.    



martes, 24 de enero de 2012

EL ROSTRO




Cuando despertó en la camilla sintió que sus quemaduras hinchaban su piel, su rostro tenía un aspecto líquido y vidrioso. El tic-tac del reloj en la pared lo estaba volviendo loco, y no podía escuchar con claridad, los pasos lejanos de los enfermeros, pensó por un momento que alguien lo visitaría, pero abandono la idea; se dijo asimismo: ahora sí, estoy agobiado. 
Al darse cuenta de los infortunados sucesos; que parecían lejanías del inconsciente, lo hizo entrar en una realidad intolerable, se estaba pudriendo poco a poco y no había nada que podía hacer; mientras más pensaba en el salvajismo de su fatal accidente, en la hechicería bucanera del fuego en el auto, no lograba llegar a una salida y la demencia lo desgarraba poco a poco; cada día se vio en la orilla de un sueño fatídico, con lágrimas en los ojos se dio  cuenta que llevaba meses despertando y durmiendo en el mismo sueño, también recordó que estaba abandonado en un viejo hospital y que probablemente nadie lo extrañaría.
Cada pensamiento es un espanto, tener que buscar como armar el rompecabezas, en aquellos espasmo de luces sin sentido, donde su mente está perdida, solo de una cosa esta seguro; que siente mucho dolor y que su rostro es la misma hoguera del infierno, que va a explotar en cualquier momento; se quedó pensando por un largo tiempo en su rostro y la imagen de aquella vanidad juvenil que lo estremecía, quizá quiera intentar pararse caminar, ir al baño y ver por el espejo la gravedad del asunto, pues es lo único que puede acercarlo a una sincera verdad, y así,  poder controlar sus pensamiento y emociones que día a día lo atormenta en su mente; pero tiene un grave problema; se encuentra inmovilizado producto de las quemaduras, se siente como una momia que el tiempo ha olvidado en la gehena, tal vez sean los sedantes que mantienen su cuerpo sin dolor o bien ya está acostumbrado a la tortura que producen las quemaduras; de cualquier modo no podrá conciliar el sueño sin saber el estado de su rostro, unido a un cuerpo inerte, y  saber realmente qué es lo que le ocurrió en el pasado de su memoria; y porqué.
Cada noche sus alaridos sobrehumanos gimen por los pasillos, sus gritos son como agujas en el oído; y ya me siento intranquilo, me duele escuchar su dolor, su grito adolorido ha enfriado mi corazón como un hielo. –Pienso–: tengo que ir a su habitación y ayudarlo, contarle lo sucedido y porqué está en este lugar, pero el terror y  el pánico invade mi voluntad. 
Las enfermeras tiene dos turnos, el segundo comienza a las 06: 30 PM hasta el otro día, quizás pueda escabullirme en el intervalo de la media hora y hacerle una visita a mi esclavo amigo del dolor.
El sol comienza a esconderse en la ventanilla de mi habitación, espero el momento indicado para realizar mi huida, el pasillo por fin se encontraba solo, comienzo a caminar encuclillas a la alcoba de mi amigo, al llegar a su puerta note que decía: Habitación 606, Paciente, Emilio Barbarie; la puerta estaba entreabierta y una tibia brisa entraba de la ventanilla del balcón, mi amigo estaba acostado en su camilla y el panorama era mucho más tétrico que sus gritos y espasmos nocturnos, tenia vendas por todo el cuerpo y siluetas de sangre que trasparentaba sus yagas, las deformidades de su rostro eran notoriamente irreparables, uno de sus ojos, sin parpado, se asomaba  entre las vendas de su cabeza; sin pupila, sin vida, ni oscuridad, ni luz, un ojo en la desolación; debo esperar a que despierte y poder contarle lo sucedido, quiero dejar en paz por fin su amargura; pero lo único que siento es pavor y miedo. Estaba pensando en aquello, cuando escucho un la voz fría que dice:
-¿Quién eres tú?
-Hola Emilio, soy yo…, tu…
-¿Qué es lo que me paso? Siento mi rostro que va a explotar, me duele la cabeza –interrumpió.
-tuviste un accidente automovilístico, venias de la playa y el auto se volcó, estuviste casi dos minutos expuesto al fuego vivo, tú te imaginaras que….
- no me digas nada, no me digas nada –susurró sin remediar.
-¿Y dónde está mi hermano? –preguntó
-tu hermano no logro vivir al accidente, el se quedo atrapado en el…
-no me digas nada, no me digas nada, solo tráeme un espejo del baño
-pero Emilio tú no estás…
-solo ¡tráeme el espejo, dije!, -insistió el enfermo.  
Fui a buscar el espejo y comprendió que lo que  iba a ver  no sería fácil, al verse reflejado en el espejo exclamo: ¡pero si este es el mejor rostro que he tenido en mi vida hermano mío! Y luego sonrió tétricamente.
Al día siguiente, las enfermeras como de costumbre pasaron por el corredor donde estaba la habitación 606, una de ellas intento abrirla, pero la puerta no se abrió, estaba sellada. En ese preciso momento un empleado del hospital terminaba su rutina, y una enfermera  que pasaba le pregunta:
-Señor, ¿Por qué se encuentra cerrada esta habitación?
A lo que el auxiliar contesta:
-Señorita, Esta habitación lleva más de diez años sellada, y nunca nadie me ha explicado por qué.

Me arrodillé delante de ellos, les grité, intenté tocarlos con mis manos, pero no logré hacerlo. Luego comprendí que de aquella habitación, no saldré jamás.

viernes, 9 de julio de 2010

EL ATICO

EL ÀTICO

Todas las tardes, josefina, se subía a escondidas al ático de la vieja casa en Carimallín, a coger de un sucio baúl aquellas fotos antiguas y cartas de amor de las personas que habitaron anteriormente su casa, las miraba con respeto, y ciertas imágenes de una niña que parecía de su edad, le hacia esbozar una sonrisa.

Josefina era la mayor de sus hermanos, por lo cual, debía cumplir la labor de cuidar de ellos y aportar en labores domesticas, que era un trabajo arduo para una niña flaca y paliducha como ella, debía cumplir constantemente con los trabajos que mandaba su abuela Onorinda, y también con el arado de la tierra, de la misma manera que lo haría un hombre, pues su tío Nicodemo, la obligaba a ese forzoso trabajo de campo.

Josefina estaba angustiada pues tenia que cumplir labores que una niña de diez años le es difícil soportar, y mientas mas avanzaba su angustia ella se sentía mas ajena a la vida de sus hermanos, y poco a poco iba perdiendo el interés de jugar con ellos.

La casa de Carimallín era una herencia que dejo el abuelo de josefina quien había muerto de viejo hace algunos años atrás, estaba cerca de un lugar llamado Entrelagos, y cerca de ella se podía observar sus diáfanas aguas y el crepúsculo estelar del atardecer.

La casa era de roble y tenia un piso muy brillante que mantenía la abuela con el chancho, un comedor acogedor, una cocina con horno a leña y cuatro piezas, en una de ellas dormían todas las niñas: josefina, Jacqueline y Jazmín; en la otra dormían: Jorge, Lucas y Pedrito que era el menor de los hermanos, ambas piezas estaban una frente a la otra, y en las dos primeras estaba el tío Nicodemo y en la otra la abuela Onorinda.

La casa tenia un corredor que conectaba con todas las piezas. Al final del corredor se podía desprender del techo una escalera polvorienta que se utilizaba para subir al ático. Todos en la casa sabían de la prohibición de entrar en ese lugar donde supuestamente se guardaban cosas viejas de la abuela y del tío, pero ninguno de ellos daba explicaciones de aquella prohibición. Josefina era muy curiosa y siempre buscaba el momento para entrar allí a ver aquellas fotos y cartas, esperaba que todos estuvieran ocupados en algo y a veces esperaba que todos se quedaran dormidos para subir al ático, apoyada por la luz de una vela.

Debajo de la casa había un sótano, que estaba ocupado con siete barriles grandes de chicha de manzana que fabricaba el tío Nicodemo. La chicha se vendía por temporada y era habitual que vinieran de todos lados a comprarla.

En el patio había diferentes árboles frutales, manzanos, cerezos, membrillos.etc, un granero donde se guardaba el pasto de los animales, un baño de poso y un gallinero, todo esto custodiado fielmente por el amigo Terry que era el canino colorín de la casa. Los deslindes del predio estaban cercados para separarlos de los kilómetros de hectáreas que podían divisarse a lo lejos, y a unos trecientos metros de la casa estaba el poso donde había que buscar agua, muy cerca de un estero con una cascada, donde se lavaba la ropa y donde josefina y los niños entraban a mojarse los pies.

Onorinda era una abuela con aspecto opaco y controlador, mandaba a gritos a los niños en los quehaceres de la casa, vestía chal y faldas de tonos oscuros, tenia el cabello blanquecino y su cara arrugada como pasa, siempre estaba en la cocina haciendo guisos y pan amasado, lo que mantenía entretenido el olfato de los niños en la casa. El tío Nicodemo se dedicaba a las labores de campo, hacia el arado y cosechaba las zanahorias y papas, era un viejo flaco y con grandes músculos (bíceps) en los brazos, pues pasaba cortando leña, y siempre hablaba de los pumas que casaba, cuando se comían los animales del predio.

Un día josefina estaba arando la tierra con su tío Nicodemo, mientas este tiraba de los bueyes para guiarlos, josefina al ser muy pequeña no resistió el empuje de los animales y saco el arado de la tierra perdiéndose la línea, cuestión que hizo hervir de cólera a su tío- ¡Te ‘ije que mantuvieras la línea niña lesa!- y le aforro un varillado en las piernas.

La niña salio llorando para la casa y como no encontró a nadie que la consolara, se fue e encerrar al ático. Cuando estaba arriba sintió que alguien entro a la casa y con una dulce voz decía: ¿Quién esta llorando ahí? Era Jacqueline, su hermanita que le seguía. Josefina bajo las escaleras la tomo de los hombros y le dijo: ¡por favor no le digas a nadie que yo subo al ático!,. A lo que respondió asistiendo con la cabeza. -¡Quiero que guardes el secreto hermanita!-. Y Jacqueline respondió con una sonrisa.

Al día siguiente Nicodemo sintió una culpa terrible, y fue a pedirle perdón a la niña, quien lo miro con desconfianza. Y aprovecho de encargarle una tarea a Josefina, quería que fuera a comprar harina donde el “Viejo Kurt” quien era un vecino alemán del predio siguiente. El “Viejo Kurt” tenia un emporio chiquito, donde vendía cosas básicas, como harina, huevos, sal, azúcar etc. Su cara era abultada con los cachetes colorados, su pelo era rubio como el maíz y tenía los ojos azules y redondos, poseía una cara amigable pero un genio del demonio, era un viejo quejumbroso. Tenía cuatro niños todos rubios con piel y ojos claros, y nunca se le vio su señora. Siempre estaba sentado en una vieja silla al lado del emporio. Cuando Josefina estaba entrando al predio del Viejo Kurt pudo ver algo que le llamo la atención. Una de las vaquillas se había escapado del ganado y estaba tomando agua en una charca profunda, se hundía en el lodo cada vez que inclinaba su cabeza para beber y la mentecata vaquilla desaparecía con rapidez. Josefina asustada llego corriendo donde el Viejo Kurt y le explico lo que estaba sucediendo, el viejo subió a su tractor y le dijo a la niña que lo acompañara a ver a la vaquilla. Pero cuando llegaron ya era muy tarde, se había ahogado en el charco y tenia enterrado la mitad del cuerpo en el logo asomando sus patas traseras. El viejo tomo una cuerda de la maleta del tractor y amarro una de sus puntas en la parte trasera, el otro extremo lo amarro en las patas traseras de la vaquillas con un nudo ciego, y comenzó a jalar a la vaquilla con el tractor hasta sacarla, estaba llena de lodo y no tenia señal de vida alguna. Josefina miro como el viejo la arrastraba fríamente por el camino hasta llegar al emporio y con los ojos empapados de lágrimas le dijo: ¿Me puede vender dos kilos de harina? A lo que el viejo respondió: -¡Tranquila mi niña, estas cosas pasan!-

Josefina se devolvía a la casa con una pena en el alma y muy impactada por lo sucedido, cuando llego, Terry fue a recibirla con un lamido en su mano consolándola, entro y puso la harina en la mesa de la cocina sin que nadie se diera cuenta, y subió al ático escurridizamente como de costumbre.

Poco a poco josefina se afligía más y encontraba una escusa en su cabeza para buscar refugio en el ático, leer esas cartas de amor le provocaba ansiedad y angustia a la vez. Las cartas aseveraban la vida de una mujer que no pudo casarse con un campesino de la zona y que finalmente termino por marcharse de Carimallin, josefina podía sentir la pena de aquella mujer que reclamaba su amor y soñaba en que alguna vez ella sentiría ese cariño por algún chico que la quisiera.

viernes, 2 de julio de 2010

EL ACANTILADO





Capitulo I

Desde hace años que la luz no se posa, en la neblina tenebrosa y macabra del acantilado, un lugar abandonado en el misterio de la naturaleza; donde descansa la oscuridad espeluznante y pavorosa que irónicamente juega con el vuelo de las aves en las tardes. Aquellos ojos, azulclaro eléctrico, se abren y se cierran, como parpadeo celeste, se deja ver a eso de las ocho en punto entre la niebla, cuando la tarde se escapa entre los árboles, cuando la luz abandona a las criaturas nocturnas; se trastornan todos mis sentidos a la orilla de alucinaciones que contengo en el mismo borde del acantilado; ¡he pensado tantas veces en seguir otro camino!; pero es tedioso y demoroso cruzar el pueblo para llegar a mi casa caminando con trote firme y en camuflaje como si viniera de una campaña militar, con una mochila llena de comida enlatada que jamás abriré; pero justamente debe llegar el momento en que me decida a cruzarlo o tomar el camino del pueblo.

No logro entender como en esta noche me embarga la angustia y la confusión, nunca había dudado tanto como ahora en tomar este camino, por otra parte, no soy el único que pasa por aquí, muchos lo cruzan haciendo caso omiso de las historias que cuentan los habitantes de Ukhupacha, es bueno saber que hay escépticos como yo en el pueblo.

He escuchado algunas historias de este acantilado, la gente del pueblo comenta con dominio, las anécdotas heredadas de sus familiares, aquellas hablan de personas perdidas en este cruce, en estas piedras que voy pisando, personas que jamás volvieron y que posteriormente nunca tuvieron comunicación con nadie del pueblo, quizás algo las asusto o solo se aburrieron y se fueron, pero yo quiero pensar que son personas que jamás existieron, que tan solo se marcharon de aquí y que nunca mas quisieron hablar con alguien de estos lados, jamás en todos estos años se ha encontrado cuerpo alguno, que de indicios fehacientes de una muerte o una presunta desgracia; de todas maneras el mito del acantilado existe en la boca de los que pueblan la zona.

Algunos personajes de este pueblo como Don Aristòfanes; solía dar una descripción de algo parecido a un ser alienígena que fue visto hace muchos años atrás, merodeando en la orilla del abismo; un selenita lánguido y gris con ojos azules eléctrico y tan alto como un árbol;-decía: “que tal descripción venia de su padre” y -“me contaba esa historia desde niño”-, agregaba; pues este acantilado ha guardado sus misterios desde décadas, e incluso, ya comentaban cosas las primeras familias que habitaron aquí.

Adelina, una joven mesera de Ukhupacha, hablaba de lo que comentaba su abuelo, decía: “que era la figura maciza y mediana de un hombre encorvado con una especie de lanza plateada en la mano, que aparecía en el cruce del acantilado siempre de noche y después de las ocho, que tenia un aspecto aberrante y que las personas que se encontraban con él no regresaban jamás”. Otros también señalan el avistamiento de una esfera de luz cóncava del porte de una casa, que se balanceaba en el corazón del acantilado, una especie de Foo Fighters como llaman los ufólogos.

Pero todas estas hipótesis son totalmente distintas, moldeables, inconsistente e incrédulas, que puede salir de la cabeza de cualquier borracho loco del pueblo, son fantásticas y poco probables, es solo fantasía que alimenta a un pueblo aburrido como este, con poca gente que buscar entretenerse, escapar de la realidad innegable de la soledad, en fin, de cualquier forma, la verdad es que no bebí tomar este rumbo, no porque sienta un miedo a historias antiguas pueblerinas, sino porque he tomado este rumbo tantas veces y nunca me habían afectado estos pensamientos, estas historias, como ahora; puedo imaginarme cualquier cosa mientras camino, en cualquier sombra de los matorrales; pero de todas maneras esta noche es excepcional y muy distinta a las anteriores. Hay algo extraño en la oscuridad a la que estaba acostumbrado, es como si algo me jalara a seguir adelante a pesar de lo horripilante del panorama, y yo, me siento atraído por la penumbra. _ ¡la noche se ha dislocado!, ¡se ha vuelto infernal!_, la luna esta roja y pávida, esta tan iluminada que casi puedo ver sus cráteres, su yaga extraterrestre, pero extrañamente ni siquiera logro ver donde suelto el paso, es más aun, tampoco veo mis brazos ni mis manos a corta distancia, es una luminosidad que no alumbra sino que encandila.

La palidez anaranjada de la luna me provoca una sensación de ansiedad y sosiego a la vez, que me impide dejar de mirarla mientras avanzo. No puedo creer que esta luna no me ayude a ver el camino, otras noches siempre estuvo frondosa, elegante y fulgorosa para mi, siempre indicándome el camino; pero hoy tengo que adivinar el paso y suponer las figuras que forman las sombras, no se si son humanas o quizás de otros mundos, y se esconden detrás de los árboles, quizás estoy sintiendo al alienígena del que habla Don Aristòfanes, y me esperan en cada paso que doy ,con sus ojos azules y enormes, su cuerpo delgado y gris, camuflado en un árbol con sus manos grandes y los dedos largos parecidos a las ramas. Claro que es fácil imaginar tantas cosas en la oscuridad, pues mis sentidos me engañan todo el tiempo mientras camino entre sombras.

Es increíble la infinidad de cosas que uno puede creer que ve en tan corto tiempo, en tan solo quince minutos que normalmente me demoro en cruzar este acantilado, es cierto que algunos no se atreven a cruzarlo después de las ocho, pero yo no creo en las viejas historias del pueblo, prefiero mantenerme como un escéptico a esas ridiculeces, además lo he cruzado tantas veces, que malo podría pasar si mi mente me embauca todo el tiempo, no dejare que esas historias me desalienten, no cometeré el mismo error de los otros que tienen que cruzar todo el pueblo entero para llegar a su destino, el tiempo es algo que no me gusta perder, cuando de caminar se trata, ¿alguna vez los demás valoraran eso?, bueno, por lo menos yo lo se y aunque me arrepienta de haber tomado el camino, justo en esta noche tan infernal, no echare pies atrás, ya estoy en esto, ya no es una opción la contramarcha.

Nunca había sentido tantas dudas, quizás nunca había creído realmente en mi miedo, tomarle importancia a los comentarios, era muy antojadizo creer en rarezas, pero ahora precisamente todos aquellos fantasmas surgen en mi mente como pequeñas luciérnagas.

La noche es templada, misteriosa y morada, su rígida luna ahora se vuelve un espejo tenebroso, la oscuridad no es algo que me asuste con facilidad, siempre he sentido una especie de protección con ella, siento que es un camuflaje en el cual nadie me puede observar, en el cual mi alma realmente puede abrigarse en mi cuerpo sin tener que escapar, pero esta noche esa sensación es un poco lejana, y ahora si pienso con mas seriedad insistentemente, que debí tomar el camino del pueblo, los quince minutos que por lo general duraba en cruzar, ahora son la eternidad misma.

Es difícil vivir en el tiempo cuando tienes el corazón en la mano, palpitando velozmente, ¡si corporalmente estoy distinto!, ya no avanzo tan rápido como antes, llevo un paso lerdo como si mis zapatos fueran de piedra, esta tan oscuro que definitivamente ya no veo mis propias manos, ni siquiera su contorno, solo las siento mojadas por el sudor, y la llevo recogidas en forma de puño como esperando que algo me ataque, estoy sudando mas que antes, mucho mas, no recuerdo haber sudado tanto las otras ocasiones, me deberían de faltar como seis minutos más para llegar al corazón del acantilado, pero me he demorado mucho mas de lo normal y las ramas de los árboles ya acarician mi cara, se vuelven un obstáculo peligroso para mi lerdo avance.

Puedo oír la arenilla que rasgo con mis zapatos, y se que debo pisarla, irme por esa arenilla me da mas freno, un paso mas seguro; puedo contenerme con firmeza y apalear el peligro de caer por el barranco cavernoso, una abertura que el camino abrió en el subsuelo, en inviernos anteriores; bueno quizás este sufriendo demás, no puede ser que todo este lúgubre, solo pienso en llegar pronto a mi cabaña y descansar de todo, por lo menos se siente un aroma húmedo, limpio de verdegal, a tierra mojada por la lluvia de ayer y puedo oír algunas aves que deben estar descansando acorrucadas en su nido, haciendo menos fatídico el asunto por un instante.

Antes de llegar al corazón del acantilado existe un túnel de zarzamora, donde florecen las moras en febrero, algunas de ellas se desangran en las espinas dejándose caer al suelo, puedo sentir su congoja al pisarlas con mis pies, una pequeña vida a la muerte se esfuma; al terminar el túnel viene inmediatamente un arroyo, y en el medio un árbol caído que alberga mi avance, su insignificancia deja ver un tronco hueco sobre el agua y carcomido por termitas, la ventaja de conocer el camino me permite que pueda seguir el paso entre tanta oscuridad; a lo lejos se puede escuchar el rugido del mar, en las noches de marea alta puedo sentir el rocío en mi cara, diminutas gotas en mis párpados y labios, dejan un sabor a sal.

Cuando terminé de cruzar por el tronco, ocurrió algo que no advertí ligeramente, el silencio se hizo más agudo, y sentía como si del centro de la tierra surgiera una presión que emerge e inmoviliza mis pies, seguidamente, hay una tensión que trina en mi oído, y me deja un poco sordo por un instante. Ya no escuchaba el cántico de las aves que tanto me relajaba, la brisa era un témpano de hielo; una bocanada susurro en mi espalda en la cual me sumerjo, es como estar caminando dentro de una nube, como si estuviera entrando en algún lugar, algún sitio quizás algo esférico, una bóveda sin destino, es en este preciso momento cuando mis ojos se quedan hipnotizados y perplejos, ¡quizás esta sea la esfera de la cual tanto hablan!, sin embargo, puedo ver una intensa neblina, que moja mi cara y mis manos, que pasa como un soplo de lobo dejando una ráfaga de viento, detrás de la ultima bocanada puedo ver una sombra que se asoma tétricamente, aparece y desaparece de mi vista con un aspecto fantasmal, es como un tizne que galopa en la oscuridad en el portal del averno. _¡OH Díos mío!_, esto si es real, de todas las sensaciones que he tenido en esta noche, esto es lo mas concreto que mis sentido han percibido, como a unos cincuenta pasos de distancia, mas o menos, logro ver esta silueta monstruosa , tiene forma humana, parece ser una persona y esta encorvado, se ajusta a la descripción que dio Adelina sobre el hombre con la lanza en la mano, pero este se ve mas alto, mucho mas alto que una estatura mediana y definitivamente tiene algo en le mano que brilla a la luz de la luna. Todo lo que he venido pensando en el camino concluye en algo concreto y el miedo me desdobla todo el cuerpo, tengo las manos heladas y los pelos de los brazos erizados, ¡por que fui tan incrédulo!, ¡por que no me fui por el camino del pueblo y me rendí a la pereza!,

Pero mis lamentos es solo un presagio de lo que espero encontrar más allá.

¿Que será esta sombra que viene hacia mi?, a medida que me voy acercando se vuelve mas nítida su imagen, pero no logro distinguir su rostro, poco a poco lo que tiene en su mano toma forma y brilla más de aterradoramente, puedo notar que tiene un filo sepulcral, ¡Válgame Dios!, es una especie de cuchillo ganchudo y de gran relieve, tiene la hechura de una media luna , algo mas parecido a una hoz con una manija mas alta que la misma sombra; definitivamente esto es real, ya no cabe duda alguna, cada vez su imagen se vuelve mas terrorífica ante mis ojos, es una sombra con una hoz que sostiene firmemente con las dos manos y camina lentamente hacia mi, siente mi presencia y esta acechándome en cada paso, siento que me observa, y yo no puedo hacer nada, pienso en devolverme, pero él ya me ha visto, quizás salga detrás de mi dispuesto a matarme si me ve correr y no es conveniente darle la espalda perderle de vista me afligirá mas de lo debido y no tengo fuerzas en las piernas, me siento débil, el cansancio me agobia y la mochila es una carga que desequilibra si decido correr, solo me queda seguir adelante aunque el terror me consuma por completo, nunca había reflexionado tanto sobre la muerte como ahora, y cada célula de mi cuerpo me dice que estoy cerca de ella, toda intuición, toda razón, me indica que se aproxima un peligro, un final, y no tengo ninguna otra opción mas que seguir adelante.

Los dos lados de la moneda, la vida o la muerte ya esta en el aire, no hay alternativa, no tengo un desvío por el camino, y seguir adelante es mejor que ser cazado por este espectro. Estoy cada vez mas cerca de él, debe estar a unos veinte pasos de mi, pero no muestra señal alguna de hostilidad por el momento, sin embargo puedo sentir su respiración, emite un rugido animalezco como si me estuviera olfateando, como si buscara que morder, quizás quiera mi carne, mi sangre, triturar mis huesos, abrir el vientre y devorar las vísceras, quizás quiera degollarme o cercenarme de una vez la cabeza ¡Demontre!, (diablos), no puedo creer todo lo que estoy escuchando, puedo oír su sollozo y lastimero gemido mientras se acerca, como burlándose de mi vulnerabilidad, como queriendo que el miedo se ahogue en mi cuerpo -nunca creí que esto podría ser posible, como pude dudar tanto de lo que decía Adelina, y ahora lo estoy sufriendo en carne propia. Nunca imagine que mi vida se fuera a acabar de esta forma, una muerte tan extraña, tan incomprensible, ya me imagino lo que dirán mañana en los diarios, “Joven muere asesinado en el acantilado de Ukhupacha, hasta el momento no se ha encontrado rastros de su presunto homicida”, ya estoy entregado a lo que el destino me ofrezca, solo queda hacerle frente y saludar a la muerte que viene por mí.

Estoy a diez pasos mas o menos de cruzarme con la sombra, y ya no puedo mas, mi estomago esta apretado y mi garganta se seca, ni siquiera puedo tragar saliva, y sufro espasmos continuos, mi cabeza no para de temblar, mis manos están heladas y mi cuerpo encogido, mis piernas se tambalean, estoy totalmente paralizado mientras la sombra esta casi a mi lado, se acerca deslizándose lentamente como si flotara, tiene la certeza de que estoy totalmente rendido, de que puede sofocarme en su oscuridad y quitarme el aliento de la vida.

La muerte no detiene su avance y se acerca sin misericordia a carcomer todo mi pecado, a purificar mi alma en su lamento, todo esta dispuesto para mi asesino, el verdugo que crucificará mi espíritu, el sayón que opacará mi aliento en el cadáver de la luna.

Ahora esta a unos pasos y yo tengo la cabeza agazapada, intento ver su cara, pero solo encuentro tempestad, no hay nada de humano en él, es solo una sombra, un ente oscuro, una aberración del averno sin materialidad alguna, nada que pueda definir.

Tengo los ojos apretados al igual que mis dientes y siento nauseas, hay un olor repugnante infectando el aire, es el hedor inmortal del sacrificio, puedo sentir los movimientos del espectro, su sigilo me pena, podría decapitarme con la hoz en menos de un segundo o degollarme hasta desangrar, puedo oír su respiración funesta sobre mi cabeza y siento como desliza la hoz por mi cuello, ya no queda nada que hacer, es el fin, solo puedo saludar a mi muerte y despedirme de la vida mientras los recuerdos fugaces de todas las advertencias que no comprendí se esfuman, al igual que toda mi vida, todo lo que me falto hacer ya no importa, quizás deba decirle algo o dejar que el silencio decida, cuando de la hondura de mi garganta exclamo y dijo un: “!Hola!” Despavorido, es el saludo más abismante de mi vida, el saludo que me llevara detrás del umbral al otro lado del tiempo, el que dará un nuevo comienzo en el mundo que me espera, de pronto siento que la hoz se desliza por mi nuca y se alza con un movimiento brusco hacia el cielo, yo decido mirar y solo veo el brillo de la hoz cayendo hacia mí rostro, cierro mis ojos y digo: “Perdóname Dios”, es el ultimo suspiro de mi vida y las ultimas palabras; pero el brillo de la hoz se apago de un instante a otro y se evaporo en las tinieblas, la sombra siguió su camino hacia la nada, dio unos pasos hacia delante y se detuvo, se giro a verme, inclino levemente su cabeza como queriendo ver mi cara y emitió un sonido extraño que se escucho como: “demu-ku-gal” , a continuación retomo su camino sonambuleando, yo empecé a caminar rápidamente y jamás voltee a verlo, mientras mi corazón poco a poco regresaba a su ritmo normal.

Después de un instante me puse a correr con todas mis fuerzas hasta llegar a la cima de la ladera, pude ver el boscaje de avellanos y supe que estaba del otro lado, por fin podía respirar en paz, el corazón del acantilado estaba atrás, el peligro había pasado por ahora y pude pensar con mas calma todo lo que había vivido, mire mi reloj, eran las ocho y quince, pero el tiempo se esfumo en un encuentro incomprensible, ahora tendré mi propia historia, y un motivo para creer en lo que he vivido, esperando que en Ukhupacha pueda encontrar alguna respuesta de lo sufrido esta noche, de lo que ha tratado de decirme la sombra.

Capitulo II

Cuando llegue a mi cabaña estaba exhausto, mis piernas no daban mas, y aun estaba sorprendido por lo que había vivido, quería buscar respuestas, prendí una vela y me prepare un café, busque las llaves de la cabaña, asegure las ventanas y cerré la puerta, necesitaba sentir algo de seguridad en esta noche intranquila, busque la vieja escopeta plata-bronce que era de mi abuelo que usaba para la caza de liebres, y me acosté lo mas rápido que pude para zafarme del frío.

Al día siguiente me levante cerca del medio día, me prepare tostadas con mermelada, me puse ropa gruesa y partí a Ukhupacha todavía, estaba impactado por lo sucedido la noche anterior, pero el día distrajo mis pensamientos, necesitaba hablar con alguien, pero todos ya sabían de mi tozudez, de que toda mi vida era fui un tipo irremediablemente escéptico, por lo mismo iba a ser difícil retomar comunicación con alguien y explicarle este asunto.

Para llegar a la plaza central de Ukupcha, tenia bajar la pendiente donde estaba mi cabaña, una vez abajo debía, tenia que esperar el tranvía, que hacia solo dos detenciones en todo el camino, la primera era en Camàvida, y la segunda en Boroa, el tranvía solo pasaba una vez por día y siempre a la misma hora, a eso de la una de la tarde. Ese día solo estaba yo y el chofer, lo que demuestra el poco interés de visitar el pueblo en un día de semana, apoye la cabeza en el vidrio y dirigí la vista hacia el asfalto de la calzada, poco a poco mis ojos se cerraron.

Cuando desperté estaba llegando a la Plaza central

Don Aristòfanes era mas bien un tipo serio y retraído, nunca hablaba demás, siempre estaba sentado en el parque con su bastón y la mirada perdida en el suelo, tenia los ojos negros y el pelo canoso, las manos secas y quebradizas al igual que su cara, su nariz tenia hoyuelos y era sobresaliente como una nuez, habitualmente vestía una solapa roja oscura, con una chaqueta café, al igual con sus pantalones, vestimenta que le daba la apariencia de suciedad y desidia, de un descuido martirizado que solo puede generar la viudez. Se desempeñaba como artesano, fabricaba numerosos retratos de yeso, para lo cual era muy prodigioso y admirado, era una labor derivada de su padre y aquel de su abuelo, una familia entera reconocida por la minuciosidad y el detalle de sus obras, nunca olvidaré el retraso de “Medusa” aquella mujer protectora de la mitología greco-romana, que convertía a los hombres en piedra solo con la mirada y que fue decapitada por Perseo, su retrato fue expuesto ente los ojos de todo el pueblo y en medio de la plaza de armas de Ukupacha, media un metro y ochenta centímetros y pesaba setenta kilos, pero lo mas impresionante era el aspecto colúbrido de su cola y cabeza. De todas formas era difícil pensar en la historia del selenita alienígeno del cual hablaba Don Aristòfanes, viniendo de una persona tan minuciosa y metódica que admira la mitología greco-romana, quizás el quería pensar en este ser del espacio como su siguiente obra.